Hadas del hogar

19.09.2009
19:52

Hada Elfica

19.09.2009
19:48

Hada de las flores

28.04.2009
18:53

hada de las flores

Simbad el marino

04.03.2009
19:13

simbad

Hace muchos, muchísmos años, en la ciudad de Bagdag vivía un joven llamado Simbad. Era muy pobre y, para ganarse la vida, se veía obligado a transportar pesados fardos, por lo que se le conocía como Simbad el Cargador.

- ¡Pobre de mí! -se lamentaba- ¡qué triste suerte la mía!

Quiso el destino que sus quejas fueran oídas por el dueño de una hermosa casa, el cual ordenó a un criado que hiciera entrar al joven.

A través de maravillosos patios llenos de flores, Simbad el Cargador fue conducido hasta una sala de grandes dimensiones.

En la sala estaba dispuesta una mesa llena de las más exóticas viandas y los más deliciosos vinos. En torno a ella había sentadas varias personas, entre las que destacaba un anciano, que habló de la siguiente manera:

-Me llamo Simbad el Marino. No creas que mi vida ha sido fácil. Para que lo comprendas, te voy a contar mis aventuras…

” Aunque mi padre me dejó al morir una fortuna considerable; fue tanto lo que derroché que, al fin, me vi pobre y miserable. Entonces vendí lo poco que me quedaba y me embarqué con unos mercaderes. Navegamos durante semanas, hasta llegar a una isla. Al bajar a tierra el suelo tembló de repente y salimos todos proyectados: en realidad, la isla era una enorme ballena. Como no pude subir hasta el barco, me dejé arrastrar por las corrientes agarrado a una tabla hasta llegar a una playa plagada de palmeras. Una vez en tierra firme, tomé el primer barco que zarpó de vuelta a Bagdag…”

L legado a este punto, Simbad el Marino interrumpió su relato. Le dio al muchacho 100 monedas de oro y le rogó que volviera al día siguiente.

Así lo hizo Simbad y el anciano prosiguió con sus andanzas…

” Volví a zarpar. Un día que habíamos desembarcado me quedé dormido y, cuando desperté, el barco se había marchado sin mí.

L legué hasta un profundo valle sembrado de diamantes. Llené un saco con todos los que pude coger, me até un trozo de carne a la espalda y aguardé hasta que un águila me eligió como alimento para llevar a su nido, sacándome así de aquel lugar.”

Terminado el relato, Simbad el Marino volvió a darle al joven 100 monedas de oro, con el ruego de que volviera al día siguiente…

“Hubiera podido quedarme en Bagdag disfrutando de la fortuna conseguida, pero me aburría y volví a embarcarme. Todo fue bien hasta que nos sorprendió una gran tormenta y el barco naufragó.

Fuimos arrojados a una isla habitada por unos enanos terribles, que nos cogieron prisioneros. Los enanos nos condujeron hasta un gigante que tenía un solo ojo y que comía carne humana. Al llegar la noche, aprovechando la oscuridad, le clavamos una estaca ardiente en su único ojo y escapamos de aquel espantoso lugar.

De vuelta a Bagdag, el aburrimiento volvió a hacer presa en mí. Pero esto te lo contaré mañana…”

Y con estas palabras Simbad el Marino entregó al joven 100 piezas de oro.

“Inicié un nuevo viaje, pero por obra del destino mi barco volvió a naufragar. Esta vez fuimos a dar a una isla llena de antropófagos. Me ofrecieron a la hija del rey, con quien me casé, pero al poco tiempo ésta murió. Había una costumbre en el reino: que el marido debía ser enterrado con la esposa. Por suerte, en el último momento, logré escaparme y regresé a Bagdag cargado de joyas…”

Y así, día tras día, Simbad el Marino fue narrando las fantásticas aventuras de sus viajes, tras lo cual ofrecía siempre 100 monedas de oro a Simbad el Cargador. De este modo el muchacho supo de cómo el afán de aventuras de Simbad el Marino le había llevado muchas veces a enriquecerse, para luego perder de nuevo su fortuna.

El anciano Simbad le contó que, en el último de sus viajes, había sido vendido como esclavo a un traficante de marfil. Su misión consistía en cazar elefantes. Un día, huyendo de un elefante furioso, Simbad se subió a un árbol. El elefante agarró el tronco con su poderosa trompa y sacudió el árbol de tal modo que Simbad fue a caer sobre el lomo del animal. Éste le condujo entonces hasta un cementerio de elefantes; allí había marfil suficiente como para no tener que matar más elefantes.

S imbad así lo comprendió y, presentándose ante su amo, le explicó dónde podría encontrar gran número de colmillos. En agradecimiento, el mercader le concedió la libertad y le hizo muchos y valiosos regalos.

“Regresé a Bagdag y ya no he vuelto a embarcarme -continuó hablando el anciano-. Como verás, han sido muchos los avatares de mi vida. Y si ahora gozo de todos los placeres, también antes he conocido todos los padecimientos.”

Cuando terminó de hablar, el anciano le pidió a Simbad el Cargador que aceptara quedarse a vivir con él. El joven Simbad aceptó encantado, y ya nunca más, tuvo que soportar el peso de ningún fardo…

Hada del agua

04.03.2009
19:09

hada del agua

Ángel Dormido

20.02.2009
07:47

Anochece, el mundo se ha dormido entre tus labios le meces y le arrullas lentamente acunando el murmullo de perderle, aunque le mimas, se escapa de tu lado.

Entre tu piel se ahogan paso a paso los gemidos, tu cuerpo derrotado, se siente malherido, mi pequeño ruiseñor, no tiene alas dónde cobijar mis ojos doloridos.

Sentada en un rincón veo sollozos que avanzan suavemente hacia mis manos y al tomarlas frío y muerte las recorren los sollozos, se vuelven más humanos.

Hoy se ha muerto en mis manos la mañana, la flor de la luna de tus ojos se ha vuelto amarga y bebo dulcemente este veneno que se clava en mis venas como el fuego.

La luz de tu sonrisa se ha marchado el tiempo amarra rabia y esperanza tiñe de versos tu gélida lápida ocaso, alba, sombra y penumbra sobre tu tumba. tu alma surca senderos de paz infinita tu nombre olvidado por los hombres suena en mi mente, como un aleluya y tu historia llevo en mi regazo para llorar por el mundo este desgarro.

Cuando llegué la hora de partir tómame en tus brazos, llévame de aquí, y la flor de luna que brota en tu cara será mi consuelo, curará mi alma cansada.

Y en el infinito volaremos juntos, tendré tus risas y palabras tiernas y no habrá mas lagrimas ni mas tristezas seremos la fuerza de la savia nueva.

Y ahora, estoy cansada debo descansar mis ojos ya duelen de tanto llorar pero anhelo el día de rozar tu rostro y sueño bajito, pronuncio tu nombre y ya no sollozo. ESCRITO POR: Marisa Moreno

Pegaso

24.01.2009
08:05

Todo era Azul

24.01.2009
08:03

Todo era azul delante de aquellos ojos y era verde hasta lo entrañable, dorado hasta muy lejos. Porque el color hallaba su encarnación primera dentro de aquellos ojos de frágiles reflejos.

Ojos nacientes: luces en una doble esfera. Todo radiaba en torno como un solar de espejos. Vivificar las cosas para la primavera poder fue de unos ojos que nunca han sido viejos.

Se los devoran. ¿Sabes? No soy feliz. No hay goce como sentir aquella mirada inundadora. Cuando se me alejaba, me despedí del día.

La claridad brotaba de su directo roce, pero los devoraron. Y están brotando ahora penumbras como el pardo rubor de la agonía.

Hada de las estrella

22.01.2009
22:55

Hada Dulce

22.01.2009
22:52

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